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Se cree que la migración aumenta los trastornos de conducta

El trastorno de conducta es un desorden psiquiátrico que se manifiesta en la infancia y adolescencia, y se caracteriza por comportamientos desafiantes o impulsivos, consumo de drogas o actividades delictivas, entre otros hábitos problemáticos. Los expertos consideran que tras él pueden estar factores genéticos pero también ambientales, como los conflictos familiares, la pobreza o la migración.

Un nuevo estudio, encabezado por el investigador Joshua Breslau, de la corporación RAND, en Pittsburgh realizado en EEUU, ha mostrado que los emigrantes de origen mexicano tienen más probabilidades de presentar este trastorno cuanto mayor ha sido su exposición a la cultura de su país de acogida. Para llegar a estas conclusiones los investigadores compararon a 4 grupos de población de origen mexicano: uno que vivía en México; el segundo emigró después de los 15 años; el tercero fue educado en EEUU y el cuarto nació en este país, al que sus padres habían emigrado.

Se analizaron datos de más de 2.600 voluntarios revelando que existen menos riesgo de sufrir trastornos de conducta en los grupos más enraizados en su país de origen. La presencia más baja del problema se detectó entre quienes habían permanecido en México, y sólo el 2% de las personas en familias de emigrantes mostraba signos de haber sufrido este desorden. La cifra se elevaba hasta 11,5% en los jóvenes que habían nacido en EEUU pero tenían al menos un progenitor mexicano.

Los autores del estudio comentan que “la prevalencia de trastornos de la conducta aumenta dramáticamente a través de generaciones de población de origen mexicano después de la migración a EEUU”. “Este incremento es de mayor magnitud en los síntomas no agresivos que en los agresivos”, matizan.

Este dato es importante porque los expertos creen que los factores más violentos de los trastornos de conducta tienen un mayor componente genético. La migración que es un factor ambiental, aumentaría el riesgo de padecer el desorden, pero no en sus manifestaciones más agresivas, viniendo éstas de la genética.

El nuevo estudio ha sido publicado en la revista ‘Archives of General Psychiatry’. “Futuros estudios podrían ser capaces de identificar los factores genéticos y ambientales específicos involucrados”, sostienen Breslau y sus colegas.

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